domingo, 26 de abril de 2015

México ante los Nazis


México ante los Nazis.


A comienzos de 1936 asociaciones comunistas y judías, junto con grupos estudiantiles y de la CTM, bajo el liderazgo de Vicente Lombardo Toledano, comenzaron públicamente a manifestar su repudio al Tercer Reich: Pintaron las paredes de la delegación alemana con “Muera Hitler”, se quemaron las consabidas banderas con swásticas y se exigió un boicot comercial contra Alemania. El gobierno de México sólo se uniría a la lucha contra el Tercer Reich al inicio de la Guerra Civil española (aportando armas). A partir de entonces, México sería el país latinoamericano donde más se rechazó a Hitler, aunque para 1940 había cerca de 2000 miembros nacionalsocialistas en el país.
Años antes, en 1931, se fundaba en Alemania el Auslandsabteilung (Departamento para el Extranjero), una dependencia del Partido Obrero Alemán Nacionalsocialista (NSDAP) para reunir miembros que vivían fuera del país. Hasta entonces eran unos cuantos expatriados nazis: “486 en todo el mundo, 7 de ellos en México”, dice Jürgen Müller, catedrático de la Universidad de Colonia. No obstante, con el éxito del nazismo en Alemania, se encendió el espíritu patriótico de muchos alemanes alejados. En 1934 laAuslandsabteilung pasó a ser la Organización para el Extranjero (Auslansdorganisation, AO).

Una vez que contactaron a sus miembros en México, quienes no tenía relación entre sí, se organizaron en el D.F. para fundar el 10 de noviembre de 1931 un Ortsgruppe (Grupo Local). “Para septiembre del siguiente año -dice Müller- el Ortsgruppe mexicano contaba con 52 miembros, y en enero de 1933 ya eran 68”. Ya en el poder el partido Nazi dejó de aceptar nuevos miembros en Alemania, pero no en sus dependencias extranjeras: en 1937 el 5 % de los 6875 ciudadanos alemanes en México eran miembros del partido Nazi. El grupo no tardó en hacerse “regional” (Landesgruppe), con “20 miembros en Mazatlán, 16 en Veracruz, 16 en Monterrey y 5 en Puebla”, apunta Müller, aunque comparado con los grupos en Chile, Argentina y Brasil se trataba de un grupo pequeño.

El Landesgrupp en México tuvo su mejor líder con Arthur Dietrich: “Los fundadores de los partidos nazis en el extranjero –comenta Müller- eran por lo general hombres nacidos hacia fines del siglo XIX o pocos años después. Experimentaron su socialización política en los últimos años de la época del Kaiser y (algunos) participaron en la Primera Guerra Mundial (…). Emigraron en los años veinte por motivos económicos, o porque no consiguieron integrarse a la vida civil de Alemania. El país de destino dependía más de la casualidad que de proyectos concretos”. Dietrich llegó a México en 1924 con un diploma en agricultura, pero al parecer la administración de haciendas no se le dio, así que pronto lo vemos como vendedor de productos dentales hasta su expulsión del país en 1940, inculpado de espionaje. Además de líder de el Landesgrupp, Dietrich fungió como consejero de prensa de la representación alemana, lo que significaba estar a las órdenes de Goebbels y su Ministerio de Propaganda.

Las intenciones de la AO eran unificar alemanes en el extranjero, preferiblemente gente con dinero, que perteneciera a la clase alta, o que tuvieran influencia sobre los demás. Sin estos elementos había poco interés de la AO en su avanzada foránea. En 1933 sus intenciones se vieron frustradas en México, pues, como apunta Müller, “surgió un conflicto de generaciones, de clases y de poder. Los representantes establecidos de la comunidad alemana, empresarios exitosos de clase alta, más o menos dos décadas mayores que los nazis, criticaban la juventud de los militantes, su bajo estatus social y los pocos años de residencia en el país”. Fue cuando trataron de hacer una “unificación forzada” (Gleichschaltung), que al inició tuvo algunos fracasos, pero que en 1935 culminó con la fundación de la Comunidad del Pueblo Alemán en México (Deutsche Volksgemeinschaft, DVM).

Esta agrupación nazi llegaría a tener para 1940 hasta 1259 miembros, que junto con otras asociaciones fascistas, como la Juventud Hitleriana o la Asociación de Profesores Alemanes Nacionalsocialistas, alcanzaron los 2000 miembros. “Aunque no todos sus miembros hayan sido nazis empedernidos –apunta Müller- (…), eso indica que una parte considerable de la comunidad alemana en México fue expuesta a la propaganda y a los rituales nacionalsocialistas”. Pero no sólo la comunidad alemana pasaba por la efervescencia fascista. También la comunidad italiana, si bien perteneciente a la clase media y prácticamente dedicada a la agricultura. El primer órgano de contacto que tuvieron como punta de lanza del fascismo de Mussolini en México fue la Sociedad Dante Alighieri, hasta que en 1928 Mussolini redactó personalmente el estatuto de los “Fasci all’estero”, organización de italianos en el extranjero con obediencia total al Duce y a la Ley del Fascismo.

El rechazo al nazismo por parte de la sociedad mexicana fue contundente desde el principio. Por su parte, desde 1936 los representantes de la delegación alemana informaban regularmente a la SER de las actividades de la AO: “Un simple miembro del NSDAP en México se movía en el reducido microcosmos de la comunidad alemana y su contacto con el pueblo mexicano se limitaba a lo imprescindible”, dice Müller. Con el inicio de la Segunda Guerra Mundial la tensión entre alemanes inmigrantes y mexicanos se hizo evidente; las autoridades anunciaban públicamente la “ingenuidad” de los nazis en México, más cuando se perdió el mercado europeo en la Segunda Guerra Mundial, lo que obligó a México a mantener una férrea alianza con E.U. Con Ávila Camacho en el poder el partido nazi mexicano se disolvió en abril de 1941.

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