domingo, 26 de abril de 2015

Escuelas élite

Las escuelas de elite de Hitler eran los lugares de cultivo del nuevo hombre alemán, centros de formación para luchadores políticos fieles a la línea del partido: cadetes bajo la cruz gamada que soñaban con una gran carrera, como líderes de distrito, del partido o del Ejército… “Lo que nosotros, los instructores de la cantera de los líderes, queremos –dijo un líder de las SS en 1937 en una de las escuelas- es un estado moderno según el modelo de las ciudades-Estado helénicas. Entre un cinco y un diez por ciento de la población, la mejor selección, debe mandar; el resto tiene que trabajar y obedecer. Solamente así se pueden conseguir aquellos valores máximos que tenemos que exigir de nosotros mismos y del pueblo alemán”. Si el Reich de Hitler hubiera durado unos pocos años más, los primeros alumnos de elite –unos hombres que desde pequeños conocían solamente una cosa: servir a su ‘Führer’ y exterminar a sus enemigos- habrían llegado a ocupar posiciones de poder. “Después de sólo una generación –dijo Albert Speer después de la guerra- , hubiera sustituido a la clase dirigente un nuevo tipo de líder, educado según los nuevos principios de educación en las escuelas de Adolf Hitler y en las ‘fortalezas de la Orden’ y considerado, a veces, demasiado insensible y arrogante, incluso en los círculos del partido”. 

Más de 17.000 jóvenes fueron a esas escuelas. La primera generación de una nueva “Nobleza política” estaba lista para tomar el poder… “A estas escuelas –dijo Hitler el 10 de diciembre de 1940 ante los obreros de la industria de armamento en Berlín- llevamos a los niños de talento, a los niños de nuestro pueblo. Hijos de obreros, hijos de campesinos, cuyos padres nunca podrían pagar su asistencia a estudios superiores […]. Llegan, posteriormente, al partido, llegan a las fortalezas de la Orden, y ocuparán algún día las posiciones supremas […]. Tenemos una meta fantástica. Nos imaginamos un Estado en el cual cada puesto debe estar ocupado por el hijo más apto de nuestro pueblo, no importa de dónde provenga. Un Estado en el cual el nacimiento no significa nada en absoluto y el rendimiento y la capacidad lo es todo”. Esta fue la única vez en que Hitler mencionó sus escuelas de selección en un discurso. 

Los pupilos debían aprender en el deporte a superarse a sí mismos. Les exigían hasta que llegaban al agotamiento total, hasta el punto en que la razón se apaga, en el que el miedo a la muerte ha desaparecido, en el que la identificación con todo lo que se refiere al sistema es total: “Debíamos llegar a conocer ese punto, para así, si era necesario, poder dar lo último de nosotros por el pueblo y el Führer”. El escrito de homenaje con motivo del décimo aniversario de los Napolas anunció: “Uno de los medios de educación esenciales en una escuela dirigida según el espíritu nacionalsocialista son los ejercicios físicos. Es secundario que uno u otro sea el ganador. Lo importante es la experiencia de ser superior a los otros”. En su informe sobre “La excursión a la montaña del Allgäu”, un educador escribió: “Viajes así exigen el último esfuerzo, la camaradería más fuerte, el último coraje. Me alegré cuando vi que ningún joven se fatigaba ni ponía mala cara. En la superación de la ‘cobardía intima’ veo un buen ejemplo del último espíritu de sacrificio para el caso de la suprema acción”. Al hablar de la suprema acción se refería a la guerra.

1 comentario:

  1. me hubiera gustado que resumieran en puntos clave la informacion y esta misma lectura esta en el blog de otro compañero, aun asi es impresionante los datos que se cuentan, en lo personal este tema me parece muy interesante

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